El registro del intercambio comercial del mes pasado se conocerá este miércoles y ofrecerá un dato impactante: el monto de las importaciones será el máximo histórico en términos nominales. Se reabrirá entonces el debate acerca de si existe un festival de compras externas o es el resultado del crecimiento económico y del incremento del costo de las importaciones de energía.
Ingresar de este modo en este debate consolida una situación que ya es de por sí desigual, puesto que la opinión económica dominante en la construcción de sentido es ortodoxa, o sea conservadora. La corriente de pensamiento alternativo se encuentra en manifiesta desventaja frente a persistentes mensajes que alimentan la confusión acerca de la comprensión de los fenómenos económicos.
Si a esta situación que es de por sí compleja se suman discrepancias al interior de la actual experiencia heterodoxa, que sólo agudizan esa confusión acerca del rumbo económico, el saldo no puede ser otro que el desconcierto generalizado, indica un informe del periodista especializado Alfredo Zaiat publicado en el diario Página/12.
En varios frentes de la cuestión económica se está desarrollando esa tensión en la coalición de gobierno, pese a que desde hace dos semanas ha habido un sustancial alivio político luego de la renuncia de Martín Guzmán y del nombramiento de Silvina Batakis para conducir el Ministerio de Economía.
De todos modos, sigue latente una tensión interna expresada en ciertos comportamientos que da la impresión de que algunos protagonistas desconocen o minimizan la persistente estrategia de demolición del gobierno por parte de la derecha política, mediática y judicial.
Cada uno de los sectores encerrado en su propia interpretación de los acontecimientos económicos termina forzando la evaluación de determinada situación sólo como parte de una disputa política, y no por la dinámica de una específica cuestión económica.
El caso más reciente se expuso en el comportamiento de las importaciones. No existe un “festival”, entendido como un ingreso descontrolado de bienes del exterior, como mencionó CFK, ni existe un fuerte aumento de las importaciones solamente por “una crisis de crecimiento”, como afirmó Alberto Fernández.
El nudo de esta discrepancia es que uno y otro no están en lo cierto ciento por ciento si se toma en forma literal las respectivas sentencias. Sin embargo, ambos indican cuál es el problema principal: no hay dólares suficientes para sostener el actual ritmo de importaciones. Esta escasez relativa de divisas en las reservas del Banco Central se agudiza por el cada vez más pronunciado rasgo bimonetario de la economía y por tener clausurado el acceso al mercado de capitales internacional para conseguir financiamiento voluntario en dólares.
Las preguntas, entonces, son:
* ¿Por qué suben tanto las importaciones?
* ¿Cuáles son los sectores que explican este aumento?
* ¿Qué se debe hacer para mejorar la administración del comercio exterior?
* ¿Cuáles son los costos económicos y financieros de un mayor control de las importaciones?
Resulta relevante encontrar estas respuestas, pero aún más recuperar un nivel mínimo de confianza política en la coalición de gobierno para abordar la complejidad económica del presente. De todos modos, encontrar esas explicaciones puede ser un aporte para quienes les interesa específicamente qué está pasando en un frente sensible del sector externo.
Cinco razones que explican el aumento de las importaciones
En forma sintética se pueden observar las principales fuentes del incremento de las compras externas en lo que va del año, con una marcada aceleración en los últimos dos meses:
1) Recuperación de la actividad económica. El entramado productivo argentino, en especial el industrial, ha padecido tres ciclos neoliberales (dictadura, menemismo y macrismo) de destrucción de eslabones de la cadena de producción local. Estos eslabones fueron reemplazados por importados. Esas pérdidas han encajado en lo que ya era una importante restricción al desarrollo, que consiste en una estructura productiva desequilibrada. Esta tiene un sector agropecuario dinámico, competitivo internacionalmente y proveedor de divisas, que convive con un sector industrial demandante de divisas para crecer. Entonces, una recuperación económica traccionada por la industria, como ha sido después del colapso de la pandemia, exige importaciones crecientes de bienes intermedios, insumos y bienes de capital. Es lo que los economistas denominan “elasticidad PIB/importaciones”. Un cálculo de largo plazo con regresiones econométricas indica que es 2 aislando el efecto del tipo de cambio (cada punto de crecimiento del Producto implica dos de importaciones), que sube a 3 en forma lineal, y que en el cortísimo plazo (en el primer semestre de este año) habría escalado a 3,5 o 4,0, según la estimación. O sea, más actividad implica más importaciones.
2) Brecha cambiaria y sobrestock. El control de cambio deriva indefectiblemente en diferentes cotizaciones entre el tipo de cambio oficial y los dólares financieros. Esta brecha tiene dos impactos: por un lado, en momentos de aceleración de expectativas de devaluación se adelantan importaciones (sobrestock) como parte de una estrategia de cobertura cambiaria de las firmas, y por otro, el control de cambio que impide la compra de dólares financieros a empresas que tienen acceso al dólar oficial, deriva en que las utilidades en pesos que no puede dolarizarse se destinan a la compra de bienes de capital importado. Esto último está reflejado en el fuerte aumento del componente Inversión del PIB en estos años.
3) Aumentos de precios de los productos comprados en el exterior. Primero con la salida de la pandemia, que provocó un efecto disruptivo entre oferta y demanda, y después con el conflicto bélico en Ucrania y las sanciones económicas a Rusia, los precios de las importaciones subieron considerablemente. O sea, la misma cantidad de bienes importados demandan más dólares porque aumentan los precios. A esto se agregó un alza sustancial de los fletes y la logística precisamente por estos dos eventos extraordinarios (pandemia y guerra) que están generando importantes cuellos de botellas en la cadena de suministros. Es un factor que también encareció las importaciones.
4) Alza de las cotizaciones del petróleo y el gas. La acelerada recuperación económica de las potencias en 2021 con la reapertura de las actividades fue un shock inicial en los precios de la energía. Luego se sumó el conflicto bélico. Argentina tiene gas y petróleo pero no es autosuficiente por varias razones, situación que empezaría a revertirse con los actuales incentivos a la producción y el inminente comienzo de la construcción del gasoducto Néstor Kirchner. Mientras, se necesita importar Gas Natural Licuado (GNL) en invierno para abastecer la demanda de la industria, el comercio y los hogares, en un contexto de recuperación de la actividad que requiere más energía. El precio internacional del gas importado ha subido mucho y, por lo tanto, se necesitan más dólares para comprarlo. Lo mismo sucede con el gasoil del que, desde hace unos años, se importa un 30 por ciento del total de la demanda local.
5) Sobrefacturación y el Partido Judicial. En escenarios de control de cambio, brecha cambiaria, prácticas empresariales de elusión impositiva y de giro encubierto de utilidades al exterior, la sobrefacturación de importaciones es una de las prácticas habituales. En esta oportunidad se agregó la intervención del Partido Judicial con insólitos “amparos por importaciones”, que han sumado unos 1850 millones de dólares de compras externas de enero de 2021 a marzo de este año cuando la regulación oficial no las habilitaba.
