Estados Unidos, China y Rusia: el ajedrez y la geopolítica mundial

Análisis de las tendencias de las grandes potencias en el escenario internacional en el siglo XX y XXI. Estrategias, fracasos y guerras.

En una reciente entrevista televisiva Laura Jane Richardson, jefa del Comando Sur de los Estados Unidos, que hace muy poco tiempo se había reunido con la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, dijo que la rivalidad entre Estados Unidos y China debía asemejarse a un juego de ajedrez. En cualquier caso, empleaba esa metáfora para significar que la geopolítica del mundo y las estrategias de sus principales actores eran interpretados por lo organismos de defensa y seguridad estadounidenses como si tuvieran un aspecto lúdico.

Hace un tiempo una excelente pintora amiga me regalo un óleo con un chico pensando su jugada en un tablero de ajedrez semivacío, con la curiosidad de que al mismo le sobraba un casillero. Quizás de allí me vino la intuición de estas líneas, confirmadas por la funcionaria estadounidense. Se me ocurrió comparar las políticas de las grandes potencias en el escenario internacional como si éste fuera un tablero de ese juego para testear mejor sus estrategias y sus guerras económicas y políticas.

Soy un simple aficionado al ajedrez, sólo leo algún libro de referencia cuando me aburren las novelas policiales, cada vez con menos intrigas a resolver, los films sin guiones, o los best-seller de autoayuda. Pocos tratan en sus urdimbres argumentales algunas de las grandes incógnitas de carácter social o universal por las que atraviesa la humanidad y buscan vincular unas a otras.

En este relato son las sociedades o colectividades las que me importan. Por ejemplo, la de reemplazar en la historia de las grandes naciones formidables competencias comerciales o políticas, o planes de batalla o de guerra como si fueran las movidas de un juego de ajedrez.

¿Empezó la segunda Guerra Fría?

Tener una visión estratégica del mundo no sólo es ver enfrente las tropas del enemigo y calcular sus flancos débiles o fuertes en función de los nuestros. También lo es espiar sus posiciones ocultas. Saber cómo distribuye cada contendiente su propaganda y cómo ven y tratan a los habitantes de los lugares que ocupan y son vistos por ellos. Conocer el tipo de recursos que usan y las bases económicas y políticas que los sostienen, la cantidad de habitantes, su superioridad o inferioridad; la geografía del lugar, o sea el tipo de terrenos llanos o accidentados, los recursos naturales y los frutos de los que se autoabastecen y exportan y de los que carecen; la existencia de lagos, mares, montes y montañas; los árboles o bosques existentes; los pueblos, casas, puentes, edificios, complejos industriales, que se cruzan en el camino. Los bienes estratégicos que necesitan o tienen en la zona, como agua, petróleo o minerales. El nivel de preparación de su población, sus conocimientos y equipamiento científico y militar. Desde el siglo XIX al XXI los protagonistas principales que se enfrentan son diferentes para cada época y muy poderosos. Han dado lugar a dos guerras mundiales y a la guerra fría. ¿Estamos ahora frente una segunda guerra fría?.

Antes de comenzar nuestro juego de ajedrez voy a hacer una última referencia al cuadro que mencioné al principio. Nunca le pregunté a la artista, porque todavía yo era muy chico o me daba vergüenza, ¿cómo era que a ese tablero le sobraba un casillero? De ese modo, me parecía que el juego no podría terminar nunca. Antes o después era necesario resolver el enigma del casillero sobrante. No tenía duda de que la pintora lo puso no por desconocimiento del juego, era una excelente ajedrecista, sino por otra razón, para que el espectador que viera el cuadro considere que existe allí un espacio que puede ser cubierto por la imaginación de los jugadores sin hacerlos prisioneros de sus reglas. En ese espacio surgió para mí el jugador chino.

El match entre Estados Unidos y China

Capablanca y Alekhine, Karpov y Fisher, Kasparov y Najdorf, Wenjun Ju, la quinta jugadora china que consigue el título de campeona del mundo o su compatriota Hongyi Tan, la campeona anterior, vivos o desde su tumba, se pusieron a examinar la partida del match entre Estados Unidos y China y se dieron cuenta que no era un simple juego, que de su resolución puede surgir el futuro del mundo.

Estados Unidos imaginó un tablero distinto, basado en la experiencia de su largo match victorioso con los rusos, le dio al principio demasiada importancia a la ideología y no se apercibió que en este caso valía mucho menos. Se enfrenta con un enemigo aún más peligroso que juega en gran medida con armas parecidas a las suyas, y no quiere convencer de sus bondades por la convicción o por la fuerza, sino competir en el orden económico, tecnológico y financiero.

China no abandonó las lecciones de su pasado. Fue un gran imperio, hasta el punto de autodestruir su marina que dominaba los mares asiáticos porque creía ya no la necesitaban y de no llegar a tener un Ministerio de Relaciones Exteriores. Pero su sistema de defensa resultó anticuado. Sus extensas murallas fueron fácilmente traspasadas por los mongoles. Luego fue invadido y ocupado por sus rivales japoneses y por tropas extranjeras de distintos países de occidente con el objeto de apropiarse de sus riquezas.

Tras las dos guerras del opio a mediados del siglo XIX contra el Reino Unido, China debió ceder el puerto de Hong Kong a los británicos. Muy afectado por una primera y cruenta guerra con los japoneses, en 1911 cayó el rey enemigo, el emperador chino, por una revolución liderada por Sun Yat-sen, jefe del partido Kuomintang, que representaba sectores políticos y económicos nacionalistas adversos al imperio, estableciéndose una República.

La larga marcha

Pero un ambicioso militar, dictatorial y nacionalista, Chiang Kai-shek se hizo cargo del partido, y se apoderó de gran parte del territorio del país. Aunque anticomunista tuvo el apoyo del pequeño partido comunista chino fundado en 1921 que adhirió al Kuomintang a instancias del Komintern, la internacional comunista, que deseaba la instalación de un frente popular liderado por Chiang no por el peligroso y casi desconocido Mao Tse-Tung que había “traducido” Marx al chino.

Esta alianza duró hasta 1927, cuando el tablero se conmovió y las fichas se tambalearon por una cruenta guerra civil entre los dos exaliados siendo Chiang, al principio bien respaldado por rusos y norteamericanos, el vencedor absoluto, produciendo grandes bajas a su enemigo. Sin embargo, un tiempo más tarde los japoneses invadieron China antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial creando un nuevo rival.

En tanto, lo que quedaba de las raleadas tropas comunistas lideradas por Mao Tse-tung, luego de su derrota con Chiang, iniciaron junto a su jefe una larga marcha que traspasó con astucia las filas enemigas y sus peones y caballos (estos últimos bufando de cansados) y se instalaron en el otro extremo del tablero.

Numerosos campesinos (nuevos peones desnutridos que se convirtieron en firmes combatientes en sus casillas, más sólidos que el ejército imperial de terracota) se unieron a sus filas y el nuevo ejército se enfrentó simultáneamente, en dos tableros, a los enemigos de afuera y de adentro. En uno de ellos contribuyó a la derrota y expulsión de los japoneses. En el otro se deshizo de Chiang Kai-shek que debió huir con los restos de su ejército a la isla de Taiwan, no llegó a ser ni siquiera un rey en el tablero, apenas si le daba para alfil.

 

 

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