A 40 años de su fundación, una de las bandas claves en la historia del rock argentino se retira de los escenarios con una recorrido que culminará en septiembre de 2024 en el estadio de Vélez.
Son siete segundos pero alcanzan para contener cuatro décadas de magia y rocanrol. Se miran a los ojos, se abrazan, se besan a la mejilla. Juanse y Sarco, en cueros y campera de cuero respectivamente, quedan frente a frente. La tensión cede y las sonrisas son la contraseña para que sus compañeros se unan a la foto triunfal en un Luna Park todavía en éxtasis por la sorpresiva vuelta de Ratones Paranoicos.
El show había sido anunciado como “Juanse, 40 años de Ratones Paranoicos” y en el que el cantante y guitarrista se iba a presentar junto a su banda, los Mustang Cowboys -que completan el también ratón Pablo Memi, Ponch Fernández y Juan Colonna-. Pero en el aire se sentía que iba a pasar algo más y, desde temprano, las inmediaciones del Palacio de los Deportes se fueron tiñendo de esa ansiedad: las calles aledañas fueron testigo de una extendida previa que incluyó farmacia, aguante, birras, humo, trapos, bombos, micros llegando desde algún punto del conurbano. Una liturgia rockera que, al margen de las modas, todavía sobrevive. “Ahora, pueblo del rocanrol, ¡levántate y que se desate la tormenta!”, agitó el líder en el comienzo.
Desde “Sucia estrella” hasta “Boogie”, entre hits como “El Centauro” y joyas tapadas como “Bailando conmigo”, “Simpatía” -como si Pink Floyd hicera un cover de “Miss You”- y “Líder algo especial” (con Facundo Soto, de Guasones, como invitado), la primera parte del show se distinguió por el estilo directo de los Mustang Cowboys, donde las sutilezas se diluyen pero potencian la amalgama entre los Rolling Stones, Lou Reed y los Sex Pistols que Juanse sabe encarnar a la vez en que se deja poseer por el espíritu de Pappo.
