Minutos finales en Marsella. Faltan 360 segundos para que suene la chicharra en el Stade Vélodrome. Louis Rees-Zammit se va derecho al ingoal de Argentina para darle otra vez la ventaja a Gales en un eléctrico cuarto de final del Mundial de rugby de Francia. Parece inevitable. Para todos… Menos para Matías Moroni.
El back de Los Pumas corre a apagar el incendio y llega al límite para frenar la marcha del tryman de los Dragones Rojos. No llegó a usar las manos por la velocidad de la jugada. Usó cada parte de su humanidad al servicio del equipo. Lo cruzó con el plexo, pero al final fue un cogotazo. Un cogotazo, tackle válido al cien por ciento, que sacó al wing galés de la cancha. Un cogotazo que salvó el trabajo de cuatro años de un grupo de jugadores. Un tackle que entra en la galería de las jugadas con forma de hazaña que le dan épica al deporte argentino.
Matías Moroni tiene 32 años y es uno de los más experimentados del plantel de Los Pumas que llevó Michael Cheika a este Mundial que ya alcanzó ribetes históricos. Sí, Argentina es otra vez semifinalista. Gracias a las patadas de Boffelli y a los tries de Sclavi y Sánchez, pero esencialmente gracias a ese monumental tackle del hombre formado en CUBA que por estos días brilla en Newcastle Falcons.
