Live at the Circus Maximus”, proyectada en cines de alta fidelidad alrededor del mundo, es un registro de la gira 2024 del guitarrista y cantante británico, la media naranja de una de las bandas de rock más grandes de la historia
La megalomanía de Pink Floyd sigue viva en la trayectoria paralela -nunca parece que volverán a juntarse- de Roger Waters y David Gilmour, el alma de una de las bandas de rock más trascendentes de la historia del rock, o mejor dicho de la cultura rock. Al fin y al cabo, juntos como dupla creativa concibieron buena parte de la mejor obra de la banda: ahí están sobre todo sus discos de la década del 70 -por estos días se cumplieron 50 años de la publicación de Wish You Were Here, por ejemplo- que, justamente en términos cronológicos, habría de concluir a fines de noviembre de 1979, cuando apareció The Wall.
De ahí en más, entre combate de egos y cuestiones de poder interno, Waters-Gilmour participaron de un disco más, no más: The Final Cut (1982), con su referencia poética a la guerra de Malvinas como curiosidad para sus fans argentinos. Después de aquello, vendría el pleito legal, la continuidad de Pink Floyd -con Gilmour, sin Waters– y una efímera, última y epifánica reunión de los cuatro integrantes originales (sin contar a Syd Barret, claro, porque esa es otra historia más o menos conocida) en 2005 para inolvidables 24 minutos en el escenario de Hyde Park de Londres.
Toda esta introducción para contextualizar y comenzar a entender el devenir de Roger Waters (con sus flamantes 82 años) y David Gilmour (con 79) desde el momento en que ambos decidieron seguir su vida artística diciendo más o menos explícitamente “Yo soy Pink Floyd”. Por cierto, que han tomado caminos diferentes, en más de un sentido.
Mientras Waters está embarcado en una pelea ideológica que tiene mucho de quijotesta -contra los poderes de Occidente, por generalizar- y monta espectáculos con megapantallas plenas de potentes imágenes, ilustraciones y mucha, mucha bajada de línea; Gilmour atesora para sí el otro commoditie de la histórica banda: la obsesión por el sonido impoluto y la grandilocuencia de las imágenes abstractas. Sus shows también tienen megapantallas pero ahí no hay mensajes políticos ni slogans antiimperialistas. Es puro sound + vision y así es cómo se lo ve alrededor del mundo desde esta semana en cines IMAX, donde se proyecta David Gilmour Live at the Circus Maximus, Rome,el registro del show celebrado en un estadio dedicado a carreras de carros y otros espectáculos masivos en la ciudad eterna, parte de la gira de presentación del disco Luck and Strange publicado en 2024
