El futuro del comercio, entre la nueva globalización y el espejo europeo

En Washington, en la conferencia “El comercio en la era de la geoeconomía” presenté una advertencia que debería ser tenida en cuenta en Argentina: el comercio mundial está entrando en una nueva etapa, más política y más conflictiva. Y América Latina no puede ser un simple espectador.

Durante décadas la globalización fue un fenómeno económico, abrir mercados, reducir aranceles, aprovechar ventajas comparativas. Esa ola sacó de la pobreza a millones de personas y fortaleció a una clase media global. Pero también dejó cicatrices. Industrias enteras que desaparecieron en Occidente y empleos que dejaron de existir. A eso se sumó la automatización, que contribuyó más a destruir trabajos que al comercio en sí.

Hoy estamos en otra fase, la cual llamo la “nueva globalización”. Más lenta, más fragmentada y, sobre todo, más politizada. El comercio es utilizado como arma. Estados Unidos, bajo el mandato de Donald Trump, reeditó un proteccionismo agresivo que difícilmente logrará sus objetivos pero que ya cambió las reglas del juego. China, por su parte, convirtió la economía en un instrumento de poder, desde la Nueva Ruta de la Seda hasta la restricción de minerales estratégicos, consolidando su influencia

Europa, mientras tanto, sigue atrapada en su propia telaraña regulatoria, con un mercado interno incompleto y con acuerdos internacionales que se demoran años o incluso décadas. El fracaso del TTIP con los Estados Unidos y la demora en ratificar el tratado con Mercosur son pruebas elocuentes de esa parálisis.

En este contexto, hay tres puntos de la relación transatlántica que deberían hacer eco en América del Sur.

Estrategia común frente a China. Si Europa y Estados Unidos no coordinan, el tablero lo seguirá moviendo Beijing. Alemania regresó a los Estados Unidos como su principal mercado, pero los aranceles siguen envenenando la relación. Y aquí América Latina debería tomar nota. Depender en exceso de China, sin diversificar su mercado, es un error estratégico que ya se siente en países como Brasil y Argentina.